Trabajo con palabras desde adentro: edición integral, acompañamiento de escritura, revisión final para editoriales, y —para quien lo necesita— ese cuento que cuesta tanto encontrar.
Soy licenciado en Letras. Llevo años editando libros, escribiendo para otros y persiguiendo la palabra exacta.
La carrera me dio el oficio: leer despacio, mirar lo que el texto dice y lo que no dice todavía. Ese hábito —más que cualquier técnica— es la base de todo lo que hago.
Edito textos académicos y ficcionales en español. Reviso maquetas para editoriales antes de imprenta. Acompaño tesis y proyectos de libro a lo largo de meses, con clínicas virtuales sostenidas. Y de vez en cuando, cuando alguien me lo pide, escribo el cuento de su propia historia.
También doy talleres literarios. Mi forma de enseñar no es dictar reglas: es mostrar ejemplos, escribir junto a la persona, devolverle por escrito lo que veo. Lo mismo aplica para el acompañamiento individual.
Una inteligencia artificial puede ordenar lo que ya está dicho. No puede sentarse enfrente tuyo y notar que cuando contaste tal cosa, se te puso otra cara. Eso lo escucho yo. Y de ahí —no de un prompt— sale la historia.
Trabajar con palabras es trabajar con personas. Por eso casi todo empieza con una conversación: para entender de dónde viene el texto, o el proyecto, o el deseo de escribirlo. Después vienen las palabras.
Trabajo desde San Miguel de Tucumán, Argentina, y a distancia con cualquier persona que tenga algo para decir. Las reuniones son virtuales. La cadencia, conversada.
Si llegaste hasta acá, escribime. No hace falta que sepas de antemano cuál de los servicios te sirve — eso lo charlamos.