Te leo entero, lo trabajo en profundidad —estructura, voz, ritmo, claridad— y te lo devuelvo. No te corrijo palabras: te ordeno el libro.
Hay una distancia, casi siempre invisible para quien escribió, entre lo que quisiste decir y lo que el texto está diciendo. La edición integral es la forma de cerrar esa distancia sin perder tu voz en el camino.
Edición trabajada con comentarios, sugerencias y propuestas concretas. Vos seguís siendo el autor: te marco lo que veo, pero la palabra final es siempre tuya.
Un documento aparte donde te explico las decisiones de edición, qué patrones encontré, qué partes son fortalezas a sostener y qué queda para que decidas vos.
No edito en tiempo real. Primero leo todo el texto, después intervengo, después conversamos. Cada etapa tiene un propósito distinto.
Leo el texto completo, sin tocar nada. Tomo notas, marco patrones, identifico qué funciona y qué tropieza. Antes de cualquier cambio, necesito entender el conjunto.
Edición en profundidad con cambios sugeridos, comentarios al margen, propuestas alternativas para los pasajes clave. No reescribo: te muestro caminos para que decidas.
Repasamos los pasajes que te quedaron dudosos, ajustamos lo último y cerramos. La versión final es tuya, pero pasó por una lectura honesta y entrenada.
Licenciado en Letras, editor y escritor. Llevo años trabajando con textos ajenos, académicos y ficcionales, para editoriales y autores independientes.
La edición integral es el centro de mi trabajo. Sé entrar a un texto sin destruirlo. Y sé devolverlo —con devolución honesta— cuando ya está listo para soltarlo al mundo.
Conocer más sobre Diego →El presupuesto se arma sobre extensión y plazo. Mandame el texto (o un fragmento) y te paso una propuesta concreta.